Iniciando un nuevo año

Iniciando un nuevo año
Ven a mi mesa

martes 18 de octubre de 2011

El Director



El director
Lírico cumplió 31 años, su mente y su cuerpo estaban en estado puro, tal vez se debía a que había pasado toda su vida sin salir del pueblo de Concaragua y siempre había estado entre los rezos de su madre y las atenciones de su nana.
El caso es, que este personaje desarrolló una bondad fuera de este mundo, lo que le impelió a tratar de curar a cuanto animalito veía lastimado, hasta a los grillos les ponía pequeñas pajillas en sus patas quebradas y a los gusanos les vendaba las panzas que por accidentes se les habían despanzurrado. 
Todos en el pueblo le llevaban a sus vacas, ovejas, perros, burros, gallinas, pollos y cuanto animal de granja había.
El trabajo era mucho, pero la paga poca, ya que casi siempre se rehusaba a cobrar por sus servicios, pensaba que, porqué debían pagarle por algo que a él le producía tanto placer.
Las personas resolvieron recompensarle en especie, de manera que en su casa siempre había fruta, verduras, semillas y toda clase de viandas. 
Lírico nunca preguntó a que se debía toda esa abundancia, se limitaba a comer con buen apetito y luego a escuchar los relatos del viejo Maurilio, a cerca del origen del mundo. Lo que más le impresionó fue aquello de "La tierra estaba desordenada y vacía" y se imaginó un gran silencio sobre la faz de la tierra, le pareció muy triste. Entonces pensó que sería terrible, que por algún castigo divino perdiese la facultad de oír, y pronto cayó en una profunda depresión.
Él que era todo sonrisas y optimismo, a partir del día de su cumpleaños 31 , se tornó en un hombre triste.
Largas filas de personas cargando o jalando a sus animales enfermos esperaron varias horas para que Lírico las atendiera, pero eso nunca sucedió. 
Mamá Catita salió a la puerta de su casa, se notaba que había llorado, 
- ¡no sé que le pasa!, no quiere levantarse del sillón, ni quiere comer, ni tiene ganas de nada - 
Se vieron unos a otros y terminaron subiendo los hombros y alejándose con sus animales.
Así transcurrieron diez días, Catita y Cholita, la nana, se la pasaban preparando los platillos preferidos de "su niño", imitando los sonidos de los animales, limpiando los instrumentos que él usaba para curar a "sus enfermos" o haciendo comentarios cómo: 
-¡Uy, si vieras que malito está el caballo de Desiderio!-, 
-si, hasta dicen que si no lo curan, pronto morirá-, 
-pero ¿que me dices de la vaca de Tomás?, recuerdas lo bonita que estaba y cuanta leche daba?-, 
-si, lo recuerdo -, 
-pues ahora, gracias a una fiebre que no identifican, se ha puesto flaca y sólo da unas cuantas gotas al día- 
Así continuaban la plática para tratar de motivarlo, pero él ni se inmutaba.

Al onceavo día, Lírico soñó que un chico de larga y negra cabellera, vestido de una manera extraña, con un pantalón y una camisa de seda blancos, una largísima capa azul y una especie de trompeta en la mano, entró a su casa, se sentó en su sillón y le dijo: 
- Este día sabrás para que sirves de verdad, levántate y ve al bosque, una vez ahí, todo te será claro-

Continua

3 comentarios:

  1. Quiza sea lo que muchos de nosotros hemos esperado cuando la viveza se escurre entre nuestros dedos, etapa que todos de una o de otra manera hemos atravezado, pero por supuesto, me apunto para leer la continuacion, asi como para seguirte leyendo.


    Saludos!

    ResponderSuprimir
  2. Haber si el Lírico se acomoda...jajaja
    Besitos y salud

    ResponderSuprimir
  3. ¡Qué alegría, tía Ku! volver a disfrutar tus dotes de gran contadora de historias. Quedo muy pendiente de la continuación. ¿Con qué nos irá a salir ese Lírico?

    ResponderSuprimir