Espero haber cumplido con los requisitos del ejercicio de este mes, que consistía en hacer un relato basado en una melodía o alguna canción.
Esta es mi aportación:
Le
enfer sont les autres"(1)
J.P
Sartre
23 / 2/ 2004
Mi
querida Ana: Se te hará extraño que utilice este medio tan antiguo
para comunicarme contigo, pero no podría decirte todo lo que me ha
pasado sin este enlace tan íntimo (el internet me parece demasiado
impersonal).
Recuerdo
esa tarde escuchando "Nabucco" de Verdi.
Esa
tarde me vuelve a la coherencia cuando siento que me pierdo en este
infierno disfrazado de "gente linda".
Apenas
hace algunos meses, tal vez siete, entré a tu casa. Siempre tienes
la puerta abierta, eres ¡tan confiada!
Lo
primero que percibí fue el olor de las macetas llenas de hierbas
para cocinar, menta, hierbabuena, mejorana, cilantro...
El
lugar lucía impecable. La mesa del comedor estaba cubierta con una
de tus creaciones, esas tramas multicolores que sueles tejer y que
son como tú misma: alegres, polifacéticas y siempre optimistas. Las
sillas estaban en perfecta simetría, como si nadie se hubiese
sentado en ellas. La lámpara colgante desde cuyos rombos se
descomponía la luz en formas extrañas, y el piso de madera que
silenciaba los pasos y evidenciaba las huellas de los zapatos.
Tu
hogar es un recinto cálido y está lleno de tu esencia, no le sobra ni le
falta nada, tiene los muebles precisos. Todo el que entra en él
encuentra un lugar donde acomodarse, desde donde se puede platicar
contigo de cosas interesantes o... simplemente callar, mientras se
escucha esa música con que suele regalarnos tu generosidad.
Sabía
que te encontraría en el estudio afanada con tus cosas.
Estabas
sentada en el centro de la pieza con las piernas cruzadas y
bosquejando en un cuaderno uno de los dibujos que, supuse, más tarde
plasmarías en tus tejidos.
Iba
a hablarte, pero comenzaron a sonar las notas de "Nabucco".
Poco
a poco me fui llenando de su magia. Las voces maravillosas de los
varones me paralizaron en mi sitio y no pude evitar elevarme hasta
alturas insospechadas.
Cuando
sonaron las voces de las mujeres descendí lentamente, envuelto en un
lienzo suave que me inundó de un regocijado escalofrío.
La música terminó y fui presa de un extraño sentimiento de pérdida e
involuntariamente mis ojos se llenaron de lágrimas.
Me
sorprendiste con lo ojos aguados y sentí vergüenza por mi
debilidad.
-
¡Ay José Miguel, que infantil eres!, ¿donde aprendiste que es
vergonzoso llorar? Seguramente en tu casa, con ese machote señor al
que llamas papá - sonreí ante mi propia tontería.
Esa
tarde te hablé de mi decisión de participar en "La sonrisa
Blue Mint", tú lanzaste una carcajada y luego te pusiste seria.
-¿Lo
dices de verdad?- yo asentí con la cabeza, sintiéndome nuevamente
incómodo.
- No
te entiendo Migue. Tú no has sabido de penurias económicas, tienes
la oportunidad de estudiar en donde desees. Y quieres entrar a un
mundo que ni siquiera conoces.
-
Ana, ¡yo no sirvo para nada!, ¿Sabías que reprobé todas mis
materias? No importa cuanto me devane los sesos pegado a los
libros, ¡no capto nada!, ¡no aprendo nada! y... ni loco pienso
vivir a costa de mi padre a cambio de escuchar sus sermones eternos y
sus comparaciones estúpidas: "deberías ser como tu hermano,
acaba de sacar el primer lugar de toda la escuela, y eso que es más
chico que tú". ¡No, no, no más!
-Creo
que lo que pasa es que no has encontrado tu verdadera vocación, lo
que realmente quieres ser y hacer.
-No
te equivoques, soy un cero a la izquierda... con una excepción,
cuando me veo al espejo pienso que es otro el que me mira y digo: "si
tuviera ese rostro lo vendería caro", y luego me alegra saber
que sí, ¡lo tengo!
Desengáñate,
mi físico es mi único patrimonio, no creas que ignoro que las
mujeres me ven insistentemente y bueno, hasta algunos ...¡ay que
cosas digo!
No
hablamos más del tema, mi humor se hizo negro.
Pero
tú te encargaste de cambiarlo contándome algunas anécdotas de tus
viajes y de tus amigos.
Pronto
reíamos regocijados, mientras te ayudaba a preparar la ensalada para
la cena.
¿Sabes?,
¡lo sabes!: siempre te he amado. Tal vez por eso mis
relaciones con otras chicas nunca progresan, quiero encontrarte en
cada una ellas, pero eso no es posible, tú eres única... con un
sólo defecto: te gustan las chicas.
Llegó
Alma Rosa y el encanto se rompió. El beso con que se saludaron me
puso en mi sitio.
Luego
me dije: "Calma Migue, ella nunca será tuya, ¡nunca!"
Te
quiere por siempre: Miguel
DK
El
infierno son los otros (1)

