Iniciando un nuevo año

Iniciando un nuevo año
BIENVENIDA PRIMAVERA

viernes, 24 de mayo de 2013

Para Ana.

Espero haber cumplido con los requisitos del ejercicio de este mes, que consistía en hacer un relato basado en una  melodía o alguna canción.

Esta es mi aportación: 


Le enfer sont les autres"(1)

 J.P Sartre
 
Carta de José Miguel a Ana.
23 / 2/ 2004

Mi querida Ana: Se te hará extraño que utilice este medio tan antiguo para comunicarme contigo, pero no podría decirte todo lo que me ha pasado sin este enlace tan íntimo (el internet me parece demasiado impersonal).

Recuerdo esa tarde escuchando "Nabucco" de Verdi.

Esa tarde me vuelve a la coherencia cuando siento que me pierdo en este infierno disfrazado de "gente linda".

Apenas hace algunos meses, tal vez siete, entré a tu casa. Siempre tienes la puerta abierta, eres ¡tan confiada!

Lo primero que percibí fue el olor de las macetas llenas de hierbas para cocinar, menta, hierbabuena, mejorana, cilantro...

El lugar lucía impecable. La mesa del comedor estaba cubierta con una de tus creaciones, esas tramas multicolores que sueles tejer y que son como tú misma: alegres, polifacéticas y siempre optimistas. Las sillas estaban en perfecta simetría, como si nadie se hubiese sentado en ellas. La lámpara colgante desde cuyos rombos se descomponía la luz en formas extrañas, y el piso de madera que silenciaba los pasos y evidenciaba las huellas de los zapatos.

Tu hogar es un recinto cálido y está lleno de tu esencia, no le sobra ni le falta nada, tiene los muebles precisos. Todo el que entra en él encuentra un lugar donde acomodarse, desde donde se puede platicar contigo de cosas interesantes o... simplemente callar, mientras se escucha esa música con que suele regalarnos tu generosidad.

Sabía que te encontraría en el estudio afanada con tus cosas.

Estabas sentada en el centro de la pieza con las piernas cruzadas y bosquejando en un cuaderno uno de los dibujos que, supuse, más tarde plasmarías en tus tejidos.

Iba a hablarte, pero comenzaron a sonar las notas de "Nabucco". 

Poco a poco me fui llenando de su magia. Las voces maravillosas de los varones me paralizaron en mi sitio y no pude evitar elevarme hasta alturas insospechadas.

Cuando sonaron las voces de las mujeres descendí lentamente, envuelto en un lienzo suave que me inundó de un regocijado escalofrío.

La música terminó y fui presa de un extraño sentimiento de pérdida e involuntariamente mis ojos se llenaron de lágrimas.

Me sorprendiste con lo ojos aguados y sentí vergüenza por mi debilidad.

- ¡Ay José Miguel, que infantil eres!, ¿donde aprendiste que es vergonzoso llorar? Seguramente en tu casa, con ese machote señor al que llamas papá - sonreí ante mi propia tontería.

Esa tarde te hablé de mi decisión de participar en "La sonrisa Blue Mint", tú lanzaste una carcajada y luego te pusiste seria.

-¿Lo dices de verdad?- yo asentí con la cabeza, sintiéndome nuevamente incómodo.

- No te entiendo Migue. Tú no has sabido de penurias económicas, tienes la oportunidad de estudiar en donde desees. Y quieres entrar a un mundo que ni siquiera conoces.

- Ana, ¡yo no sirvo para nada!, ¿Sabías que reprobé todas mis materias? No importa cuanto me  devane los sesos pegado a los libros, ¡no capto nada!, ¡no aprendo nada! y... ni loco pienso vivir a costa de mi padre a cambio de escuchar sus sermones eternos y sus comparaciones estúpidas: "deberías ser como tu hermano, acaba de sacar el primer lugar de toda la escuela, y eso que es más chico que tú". ¡No, no, no más!

-Creo que lo que pasa es que no has encontrado tu verdadera vocación, lo que realmente quieres ser y hacer.

-No te equivoques, soy un cero a la izquierda... con una excepción, cuando me veo al espejo pienso que es otro el que me mira y digo: "si tuviera ese rostro lo vendería caro", y luego me alegra saber que sí, ¡lo tengo!

Desengáñate, mi físico es mi único patrimonio, no creas que ignoro que las mujeres me ven insistentemente y bueno, hasta algunos ...¡ay que cosas digo!

No hablamos más del tema, mi humor se hizo negro.

Pero tú te encargaste de cambiarlo contándome algunas anécdotas de tus viajes y de tus amigos. 

Pronto reíamos regocijados, mientras te ayudaba a preparar la ensalada para la cena.

¿Sabes?, ¡lo sabes!: siempre te he amado. Tal vez por eso mis relaciones con otras chicas nunca progresan, quiero encontrarte en cada una ellas, pero eso no es posible, tú eres única... con un sólo defecto: te gustan las chicas.

Llegó Alma Rosa y el encanto se rompió. El beso con que se saludaron me puso en mi sitio.

Luego me dije: "Calma Migue, ella nunca será tuya, ¡nunca!"

Te quiere por siempre: Miguel
 
DK



 

El infierno son los otros (1)


miércoles, 24 de abril de 2013

La muerte tiene un secreto



Este mes publicamos un tema libre, con la característica de que alguno de nuestros compañeros o compañeras de letras le pondrá título.
Aquí va mi relato:

 
 
Mariela se había topado con él a la salida del supermercado y al momento de verlo su corazón dio un vuelco.
Lucía bastante alto, calculó que por lo menos medía un metro ochenta y cinco. Su aspecto era desaliñado, pero se notaba que hacía ejercicio, ya que su cuerpo lucía fornido bajo la camiseta sin mangas y los jeans descoloridos. Llevaba el cabello largo y la barba crecida; "bueno...eso está de moda", se dijo Mariela, como para tranquilizarse.
Pero la mirada que le dirigió al salir y el aspecto de su rostro no fue nada tranquilizador, pues era poco atractivo y tenía una cicatriz que le torcía la boca y le daba el aspecto de un hombre malvado. 
Ella esperó un buen rato a que el tipo aquel subiera sus compras a un destartalado Volkswagen, para dirigirse al suyo y hacer lo propio.
Luego aguardó a que se fuera para arrancar su Tsuru, que apenas hacía dos meses había estrenado.
Manejó bastante relajada y pronto olvidó sus temores.
Hasta que el rojo de un semáforo la detuvo y volteó a su izquierda, inmediatamente se le secó la boca, ¡el hombre del supermercado estaba a su lado!  La inundó un extraño escalofrío y a la vez una gota de sudor corrió por su espalda.
En cuanto vio la luz verde aceleró, y su auto salió despedido chirriando con fuerza.
Notó que el hombre aceleraba también tratando de alcanzarla. Pronto no tuvo más remedio que frenar ante otra luz roja, Mariela temblaba y evitaba mirar a la izquierda, presintiendo que el hombre la observaba.
-¡Señora, señora!- oyó que le gritaban- ¡lleva abierto el maletero!- se dio cuenta que era el tan temido hombre quién le gritaba.
Efectívamente, la tapa del maletero estaba levantada y ,por su nerviosismo, no se había dado cuenta. Se hizo a la orilla de la calle y bajó. Las piernas le temblaban como si fuesen de gelatina. Cerró el maletero y volvió a subir al auto. El hombre había desparecido.
Más adelante volvió a atisbar el viejo Volkswagen estacionado a un costado de la calle y alcanzó a ver al hombre cargando a un niño y besando a la que parecía su mujer.
"¡Ay, que loca estoy!", pensó, "las diarias noticias a cerca de la inseguridad y los asaltos, me tienen así".
Pronto llegó frente a su casa y tocó el claxon para que le abrieran el portón, pero recordó que era el día de asueto de la chica que la ayudaba con el quehacer de la casa. Así que descendió de su auto para abrir y, al hacerlo, tropezó con un chico bastante agradable y vestido impecablemente, quién sonrió y dijo con voz de bajo profundo : "¡disculpe!".
-No se preocu...- comenzó a decir, pero ya no pudo seguir pues un cuchillo atravesó su estómago haciéndola caer al piso.
El "chico agradable" le quitó las llaves de la mano, subió al auto y partió con rumbo desconocido.
El último rostro que registró la mente de la moribunda Mariela, sin saber porqué, fue el del hombre de " la boca torcida".
DK

miércoles, 17 de abril de 2013

Predestinado

Predestinado
 
 
 
Aquella mujer caminaba esbozando una suave sonrisa y entonando bajito una melodía. Llevaba las manos sobre el vientre, para proteger a su hijo, mientras subía la montaña.
De pronto sintió que le faltaba el aire y se detuvo a tomar aliento, limpió su frente con un pañuelo, lo ató alrededor de su cuello y siguió subiendo.
No sabía ,bien a bien, que la impulsaba a llegar a la cima, pero no quiso cuestionárselo pues la jornada le era agradable y la estimulaba el olor a limpio de la hierba que iba pisando.
Finalmente llegó a lo alto de aquella hermosa montaña, se sentó en una piedra lisa y se dispuso a disfrutar del paisaje veraniego, que desde ahí se veía extenso y casi infinito.
Luego, como respondiendo a un programa determinado, se hincó y tomó entre sus manos una porción de tierra, la enseñó al sol desde la palma de sus manos y la tierra se fundió en su piel transmitiéndole valor. Le dio la espalda al sol y volvió a abrir las manos; esta vez recibió una ráfaga de viento que por poco la tira, pero permaneció firme, sintiéndose fuerte ante la vida.
Volteó a su derecha y una nube de lluvia se abrió llenando sus manos de agua, ansiosa bebió de ella sintiendo que el agua la purificaba, lo mismo que al pequeño que saltaba en su vientre.
Por último volteó a su izquierda y un poco de hierba seca, que tenía enfrente, fue alcanzada por un certero rayo y ardió por unos minutos. Mientras, surgían entre sus llamas mágicos secretos que nunca pudo decifrar.

Era casi de noche cuando regresó a su hogar.
Apenas cruzó el umbral, comenzó a sentir los dolores de parto.

Había sido una muy larga jornada, pero al fin tuvo entre sus brazos a su pequeño.
Dos cosas llamaron su atención: Sus ojos serios mirándola muy fijo y las manos firmemente cerradas en dos puños; sintió curiosidad y trató de abrirlas. Cuando pudo hacerlo, se llevó una gran sorpresa: ¡De sus pequeñas manos manan infinitas letras que resbalaban entre sus dedos!
Ella entonces, solemnemente, anunció: ¡Serás poeta, hijo mío!

Un pequeño homenaje a Pablo Neruda: DK